Éramos un matrimonio
bien avenido
con dos niños,
perro,
coche
y cigüeña en camino.
Por un error mío
y un desacierto tuyo
fuimos de vacaciones
al Singapur maldito.
Yo iba desatado,
tú ibas modosita
y en un estate quieto
me cazaron por listo.
Necesito abogado,
un cura y un testigo.
Tú también necesitas
letrado, amor mío.
Ahora solo somos
un matrimonio triste
que teme que el amor
vuele por las rejillas.
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