La he abrazado enamorada.
Desesperada la he abrazado.
Me dejé acariciar por su tela.
Me acarició sin yo decirle nada.
Mi almohada me quiere y la quiero
y no me importa su vejez ni su tamaño.
Sé que las hay mejores, pero quiero
seguir sintiéndola fiel a mi cara
que se esconde en ella
buscando el silencio
más silencioso.
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