Despierto sin saber si es domingo
o si el lunes llama a mi puerta.
Me pongo el chándal de casa
y corro sin rumbo por mis celdas.
No hay habitación que sea triste.
No hay una cocina abandonada.
No hay un baño que no huela
a olor vivo de lavanda.
No hay una nevera que agonice.
No hay una despensa sin patatas.
No hay una cuenta sin euritos.
No hay desilusión en esta casa.
Me ducho con todo el jabón
que suelta el último frasco.
Derrito la espuma con el agua
más fría del océano Atlántico.
Y salgo a desayunar fuera
para no manchar la cocina de casa.
¡Qué ricos los churros de mi prima!
¡Qué bueno el café que ella prepara!
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