El abanico se movía
danzando en la mano
de la joven de blanco
que estaba en la misa.
Enfrente un joven párraco
miraba y reía.
Dios le había puesto
muy cerca a una virgen.
Rezo los padrenuestros
mirando a su virgen.
La virgen no miraba
su sotana planchada
ni su risa de niño.
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